13 de diciembre, Día nacional del Petróleo...

*Petróleo bajo nuestros pies*
Si no te mata te fortalece
ese es el dilema petrolero actual…
“Con la recuperación de la renta petrolera se puede terminar con el hambre en la Argentina”.
esa es la cara linda de la moneda petrolera...
Por Nicolás Guillén, Sociólogo
Hablar de petróleo en cualquier país dependiente como el nuestro hace a una cuestión, yo diría, de supervivencia. Lejos de la alta academia, cada argentino debiera saber a groso modo algunas cuestiones de política y geopolítica energética. En eso está inspirada esta nota y el Libro Gota a Gota de reciente aparición. El tema petróleo tiene muchas similitudes con el tema de la deuda externa, tal vez los dos grandes nudos de la supervivencia Argentina.
-“Lleno por favor…” de decimos al playero de la Estación de Servicios.
pero a dónde va ese dinero que le damos…?
En la actualidad, para ponerlo en números simples, vamos a ejemplificar con una carga de combustibles en cualquier Estación de Servicios del país. Según los datos públicos de YPF y la Secretaría de Energía de la Nación publican en internet, y que recoge el libro Gota a Gota para el caso de Mendoza; de cada 1000 pesos que uno entrega al estacionero para cargar el tanque del auto, 250 van al costo de producción del mismo (lo que incluye la ganancia media empresaria, los costos de extracción, exploración, transporte, refinación y puesta en el surtidor), 450 van a pagar impuestos y 300 a las superganancias de los monopolios. Ese 30% es la renta petrolera originada en el monopolio: no tiene como fin ni el circuito productivo ni el impositivo del recurso. Es simple ganancia extra de las empresas que va a los bolsillos de los accionistas, y repetimos, es un extra a la ganancia media que cualquier industrial pretende de sus negocios, excede por lejos lo márgenes de ganancia normal de un mercado donde exista la competencia, donde cualquier empresario con un 20% de tasa de ganancia se da por satisfecho. Para que quede bien claro el número: este sector, luego de tener su 20% de ganancia normal empresaria, por encima de eso, tiene otro 30% de renta parasitaria petrolera.
Llevado a escala nacional, con 18.000 millones de litros vendidos por año (dato para 2017, Gota a gota, pag, 5) nos da una renta anual de 5.400 millones de dólares, lo suficiente como para iniciar un poderoso ciclo industrializador y de tecnificación del agro argentino incluyendo compra de tierras para una política de viviendas y reforma agraria. Eso sería posible siempre y cuando primero lo recuperemos de sus usurpadores, los monopolios. Puesto en cantidad de viviendas sociales, se podrían construir 150.000 viviendas al año, cubriendo el déficit habitacional de los 2 millones de familias que alquilan en tan sólo 13 años.
Esta introducción da una idea de que es mucho lo que está en juego en esta industria. A eso le agregamos la otra necesidad, la nacional; el derecho de los industriales nacionales de que el recurso sirva para estimular un proceso de industrialización del país; que el combustible no sea objeto de lucro, sino impulso al desarrollo. Y un tercer aspecto, es el de una industria para la defensa, porque si nuestro país osara implementar una política similar a la de Evo Morales, tendremos que contar con una muy buena defensa nacional disuasiva para hacer sostenible en el tiempo dicha aventura soberana.
El petróleo, un dilema existencial y político.
Pasemos ahora de los números a las posiciones, a las posturas, a las consecuencias de la política petrolera en un sentido de defensa, o en un sentido de entrega.
Una de las enseñanzas que nos deja la historia reciente es que con este tema no se pueden tener posturas intermedias, de conciliación con el imperialismo. Como decía el Che, “no se puede confiar en el imperialismo pero ni tantito así” mientras ponía dos de sus dedos bien juntos. Esa es la postura clara del primer conductor de YPF, el Gral. Mosconi, como está desarrollado en el libro en el capítulo de historia.
Una de las razones de fondo que explican los extremos opuestos en los que terminan las políticas energéticas, es el potencial bélico que han tenido y seguirán teniendo por un tiempo largo los hidrocarburos en este mundo de reparto y dominación de unos países sobre otros. Es pertinente aquí hacer un balance y decir que la mentira globalizadora que maceraba nuestra mentes en los años 90 sobre la desaparición de los Estados Nación ha caído por su propio peso, y en cambio hemos sido testigos de la profundización de la lucha entre potencias, de la lucha de clases, y de la lucha de las nacionalidades oprimidas por su liberación y autodeterminación, y ahora, con el despertar latinoamericano, el fenómeno que cobra nuevo impulso en Ecuador, Chile y Bolivia, de unión de las nacionalidades originarias precolombinas con el pueblo trabajador de cada país que se identifica con las nacionalidades propias del siglo XIX.
Volviendo a la experiencia histórica, podemos ver una gran similitud entre lo que pensaba el Gral. Mosconi en los años 20, lo que decretó la Constitución de 1949, y lo que definió la ley de hidrocarburos de Bolivia en 2006: que los hidrocarburos pertenecen al Estado en forma inalienable, y que su explotación, industrialización y venta corren por cuenta del Estado con la ayuda del capital privado pero con condiciones muy acotadas a contratos de servicios puntuales y por un tiempo limitado.
Hay un núcleo de coincidencias en que este recurso debe ser manejado con una política centralizada y firme, para contrapesar las presiones y posibles compras de voluntades como se vió en el debate de los años 20 sobre la provincialización o nacionalización del petróleo. Para eso haría falta hacer un balance de los nulos beneficios que nos trajo la provincialización del recurso pactada entre Alfonsín y Menem en Olivos.
Una de mis conclusiones más fuertes es que la democracia es incompatible para el imperialismo extractivo de los recursos naturales. Si hay democracia real no hay imperialismo extractivo; si hay imperialismo extractivo no hay democracia real. Esa es nuestra historia desde que el primer golpe de Estado se hizo con “olor a petróleo” allá por 1930, o la guerra del Chaco, masacre por el reparto del petróleo, entre Paraguay y Bolivia en 1933. El petróleo y gas bajo el suelo de un país puede ser una bendición de la naturaleza, o una pesadilla social, según si el pueblo de ese país logre controlar para su propio desarrollo ese recurso o agentes externos sean los beneficiarios del mismo.
Les dejo el link del libro Gota a Gota:

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