El Golpe fue contra Olga, esa obrera de Peñaflor que militaba por un país para todos con tan sólo 20 años. Ella se organizaba, debatía, opinaba, se ocupaba de los problemas de los demás, se comprometía. El golpe fue contra las olgas que pululaban de a cientos de miles en fábricas, barrios y escuelas.

Cuando se llevaron a Olga Velasco, militante peronista, cuando asesinaron a Brizuela y García, ambos militantes del comunismo de Maipú, cuando asesinaron a Mario Susso, militante del comunismo revolucionario estudiante de la UTN, estaban llevando a cabo un plan reaccionario y conservador pensado en las altas esferas de la política internacional.
Sólo se entiende el grado de ensañamiento, la cantidad de sangre, lo bestial de los asesinatos, lo macabro de un plan genocida que fue llevado a cabo por miles de operadores del terror, de fascistas, de vendepatrias, si logramos ver lo que ebullía en la Argentina. El Golpe de Estado de 1976 fue la respuesta que los imperialismos -sobre todo Rusia pero también EEUU- junto con las clases dominantes de la Argentina dieron para terminar a sangre y fuego con ese maravilloso ciclo de grandes luchas sociales y políticas que se venían dando en el país y la provincia desde los años 60, luchas que eran el despertar posterior a la resistencia iniciada luego del golpe del 55. Tenían que domar un potro bravío que se venía abriendo paso y buscaba abrir un rumbo nuevo en la Argentina. El nudo de eso era el movimiento obrero clasista y combativo. El otro objetivo, fue barrer con el obstáculo que significaba para su planes el gobierno tercermundista de Isabel Martínez de Perón.
Esos miles de militantes dejaron bosquejado un nuevo país, sin opresores de adentro ni fuera, con los trabajadores como protagonistas. El país que soñaron y que las nuevas generaciones tomamos como propio.
Tal vez René Salamanca, compañero de partido de Mario Susso, sea uno de los que más expresó, como dirigente político y obrero en el Smata Cordobés, ese proyecto de país inconcluso. Tal vez por eso lo fueron a buscar el mismo 24 de marzo de 1976.
A los 30.000 compañeros y camaradas desaparecidos les decimos: ¡Presentes! Sus ideales son los nuestros, su lucha nuestro ejemplo.

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