No quiero ser republiqueta.
La idea de Cornejo-Suarez de separar Mendoza del “o juremos con gloria morir” me ha hecho pensar sobre nuestros orígenes y nuestro futuro. De ganar ese proyecto pasaríamos a cantar: que somos??!! mendocinos!! dejando de lado ¡Ya su trono dignísimo abrieron, las Provincias Unidas del Sud!, Y los libres del mundo responden: ¡al gran pueblo argentino, salud!
Voy al grano; lo que tenemos de gran provincia se lo debemos a los procesos nacionales, donde Cuyo siempre jugó un gran papel; recuerdo la Mendoza industrial de las grandes represas hidroeléctricas contribuyendo a la matriz energética nacional; la Mendoza productora de frutas y verduras para el gran mercado nacional; la Mendoza de la metalmecánica de punta, ligada al procesamiento de vinos, dulces y conservas; la Mendoza de las ferroaleaciones que servía al circuito siderúrgico nacional; la del manejo del uranio para un desarrollo nuclear independiente en plena guerra fría; la de la industria cultural del cine, como expresión de todo esos logros socio económicos. El mismo Mendozazo de 1972 se inscribe en el retobar de un pueblo decidido a enfrentar el ajuste de una dictadura entreguista y antipopular. Son los hitos que me ponen orgulloso de sentirme mendocino y argentino.
Y lo que tenemos de malo, la pobreza por ejemplo, se lo debemos al localismo de mente reducida propia de la oligarquía provincial. Argumento un poco. La pobreza ligada al localismo provinciano podemos rastrearla en la política del imperialismo inglés de la época de nuestra independencia que mientras extendía sus tentáculos hacia los países latinoamericanos se preocupaba de que no conformaramos una patria grande como la proyectaban Bolívar o San Martín. El “divide y reinarás” fue un hecho que hoy nos pesa.
Y más acá en el tiempo, y como causa de nuestra actual pobreza mendocina, está el balance de la provincialización del petróleo pactada en la reforma de la Constitución de 1994 e introducida en el Art. 1 de la Constitución de Mendoza. A partir de ese localismo petrolero fuimos cada vez más pobres, dejando que se drene una renta estimada en U$1.200 millones anuales. La razón básica y fundamental es que un gobernador de provincia es un pollito mojado frente a una Standard Oil, o una Barrick Gold. Si se levantara Hirigoyen de la tumba estaría por la nacionalización del petróleo, mientras Suarez-Cornejo estarían con Patrón Costas, aquél gobernador de Salta que defendía los intereses de la Standard Oil en ese gran debate político nacional de los años 20 del siglo pasado. En resumidas cuentas petroleras, los gobernantes (Paco Perez, Cornejo, Suarez) se limitaron a administrar las regalías del 2,5% del producido, mientras nuestros hospitales y escuelas fueron mostrando cada vez más el tipo de provincia pobre que somos.
Es verdad (base de la queja de Suarez) que la Nación se lleva la mejor parte de la torta impositiva, pero el problema aquí es que esa riqueza no vuelve en coparticipación a la provincia por el peso de los “servicios de la deuda externa” que el Sr. Macri, el socio ideológico de los radicales pro de Mendoza, nos impuso junto con sus amigos del FMI, sólo por hablar del pasado reciente.
Hasta aquí lo negativo del localismo provinciano de los petisos ideológicos Cornejo y Suarez. Pero digamos cuál es el fuerte de nuestra provincia. ¿Es la agroindustria? Lo es en la medida de que esté ligada a un mercado interno argentino en expansión; que los formoseños coman nuestro tomates, y nosotros tomemos yerba misionera, esos son circuitos virtuosos, todo pagado en pesos argentinos. ¿Nuestro fuerte es la metalmecánica? Si, en la medida de que IMPSA y el resto de metalúrgicas industrialicen procesos locales, y hagan la logística a un amplio proyecto nacional. La salida para Mendoza ¿es la diversificación de la matriz productiva? Claro, pero industrializando el potasio aquí, para fabricar fertilizantes aquí, para dar trabajo aquí. No el modelo extractivista de nula industrialización y extrema contaminación, de caminos que se llevan las riquezas a los puertos y de ahí al exterior para sólo dejar un peaje del 3%. Ese modelo es el que no va más. En definitiva, es el modelo de la dependencia de estos radicales del pro.
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