La Argentina está entrando en un embudo, y no pasa tal cual la conocemos.

La tirantez política de las últimas semanas, agudizada desde el acuerdo con el FMI, tiene una base objetiva: la sociedad no aguantará mucha más inflación, mucho más hambre, mucha más injusticia. La economía crece, pero el hambre crece a la par. La industria crece, pero empuja la inflación por su carácter dependiente y concentrado. Una mejora de la economía hace que los dueños de la pelota fugen más dólares y eso destruye el peso argentino. Eso hace inviable la Argentina dependiente.
En el almacén, a la charla con la vecina, hay que hacerla señalando la góndola -por sus dueños digo-. Porque los dueños de la Argentina son los dueños de la góndola -y también del resto de las cosas-.
Cristina tiene razón cuando plantea que el problema de la Argentina está en la concentración económica y en la fuga de capitales. Tiene razón cuando plantea que entre los sectores del Frente de Todos hay “un debate”, y no una pelea -se pelea con los enemigos-. Eso la coloca a la izquierda, y la acerca a los que venimos diciendo que el problema de la Argentina son las ataduras de la dependencia, que la Argentina no tiene futuro conciliando con el imperialismo, sea del color que sea.
Desde ese diagnóstico de una “insatisfacción democrática” como lo llama Cristina, o del “fracaso de la conciliación como idea, que no frena la profundización de la dependencia” como también podríamos conceptualizar, podemos entender que crezca la derecha, con todo un arsenal ideológico, y también crezca la izquierda, con toda su amplitud y variedad de matices, con peronistas, comunistas y republicanos, todos ubicados en el campo patriótico y popular. Ese diagnóstico pone en el centro la necesidad de tomar medidas para pararle la mano a los monopolios dueños de la Argentina, o nos llevarán al desfiladero.
La Argentina está entrando en un embudo, y no pasa tal cual la conocemos. O nos trituran a todos para pasarnos como chorizo, o rompemos el embudo.
Las políticas ha implementar tienen que apuntar a cambiar el esquema distributivo: parar la fuga, parar la concentración económica, fortalecer el peso, abrir puestos de trabajo productivos, nacionalizar la economía. Es llevar a la práctica la consigna de Tierra, Techo y Trabajo. Y eso sólo se logrará convocando a la unidad y movilización popular.

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