Dos ideas para bajar la inflación, generando valor y puestos de trabajo.
¿Qué espera el gobierno de Mendoza para salir de la queja, y contribuir a bajar la inflación desde el rol de provincia productora de alimentos? El único plan provincial, el Mendoza Activa, ha sido una aspiradora de recursos estatales hacia los privados, y claro que los privados más grandes tienen mangueras más grandes. El esfuerzo presupuestario es muy alto medido por la generación de puestos de trabajo.
Te dicen que la inflación es producto de una mala “macroeconomía”. Traducido al criollo, la inflación es causada por un desbarajuste entre la producción y el consumo. Y está claro que la población no está excedida de consumo, sino que consume menos de lo que necesita. Por eso la lupa hay que ponerla en la escasa producción de bienes y servicios. O sea, para bajar la inflación hay que aumentar la oferta de bienes, aunque cueste romper algunos huevos.
La solución práctica está a la vista de todos y tiene dos pasos: generar base agraria, e industrializar dicha base. Eso es trabajo de calidad y sostenible en el tiempo, sin abusar del medio ambiente.
Dos casos concretos por donde se puede arrancar.
1- Hoy la superficie implantada con hortalizas es de 30.000 hectáreas. Duplicando esta superficie, sobre tierras ociosas con derecho de riego -la DEIE sabe perfectamente donde están esas tierras-, se puede dar trabajo directo a 6000 personas, generando 9 toneladas de verduras por cada hectárea recuperada, o sea, 900.000 toneladas anuales de alimentos. A 600 kg por persona anual, estamos hablando de que podemos generar comida equivalente para 1,5 millones de personas. Y eso traducido a generación de valor, arroja la significativa cifra de 270 millones de dólares anuales.
2- Polo industrializador de alimentos, en la vieja zona Alcoholera, el predio de 6 has. abandonado hace décadas en carril Gómez de Gutierrez, Maipú. Con poco dinero se pondría en funcionamiento una rueda económica que agrega valor al producto multiplicando varias veces su valor, genera una industria complementaria de maquinaria, y genera puestos de trabajo estables.
Y en el mismo predio, por su inmejorable ubicación de puerta de entrada al gran Mendoza, con acceso del ferrocarril desde el este y desde el sur, también puede funcionar un Centro de Acopio y Distribución Mayorista de alimentos para que los productores tengan asegurado un canal de comercialización con almacenes y supermercados de la provincia, eliminando los intermediarios innecesarios de la cadena.
En conclusión, está la tierra, el agua, las instalaciones, y la gente que necesita trabajar. Y no es ninguna fantasía: ese trabajo lo hacen y muy bien, todos los días nuestros productores agrarios e industriales, aunque nadie les reconoce el esfuerzo. También están los científicos del Conicet, INTA, INTI, esperando que les den la oportunidad para aplicar sus conocimientos. Por eso hace falta que el Estado genere las condiciones de rentabilidad de esa producción, por lo que tiene que regular la oferta y la demanda con un ente regulador que evite que los más grandes de la cadena se coman a los más chicos, como viene pasando en los últimos años. Pero esto será muy difícil de llevar a cabo si no se encara con fuerza un proceso de desconcentración, desextranjerización y desprimarización de nuestra economía nacional y provincial.
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