Perón bajó la inflación en 6 meses, ¿qué es lo nuevo bajo el sol?
Bajar la inflación es la prioridad número uno de cada argentino hoy. La inflación es multicausal, si, pero hay causas principales y causas secundarias. Según el diagnóstico serán las medidas más eficaces -y populares-. Mendoza es parte del problema -tiene peores índices que la nación-. Y según se empuje desde el Estado un tipo de matriz productiva será si se ayuda a bajar o a subir la inflación.
Un debate necesario recorre el Frente de Todos sobre cuáles son las medidas necesarias para frenar la suba de precios, mientras que del lado de JxC la tienen bien clara: ajustar, quitar derechos, ser un país agrícola-ganadero en función del imperialismo. Nada nuevo bajo el sol.
La búsqueda de políticas realmente eficaces para frenar la inflación nos hace repasar las distintas experiencias históricas de nuestro país, teniendo en cuenta que cada momento tiene su propio contexto.
Perón frenó la inflación en 1973 -del 60 al 0%- con un acuerdo general de precios y salarios, acompañado con un plan de obras públicas de construcción de 500.000 viviendas que bajó el desempleo del 6,1% al 4,5%; y además, el peso argentino se revalorizó un 25% respecto del dólar. Sería el plan que necesitamos ahora -antiinflacionario con expansión-, para que vayan anotando los economistas: hubo freno en seco de la inflación, con expansión económica!! pero hay que tener en cuenta algunas diferencias de contexto, lo nuevo bajo el sol, el poder real que hoy se mira al ombligo.
La experiencia contraria a la de Perón es la de Macri -y Milei-, que argumentando que la inflación es generada por la emisión y el gasto, hicieron su experimento en 2015, con ajuste en el gasto del estado, frenando la emisión, y además provocando una recesión económica subiendo tasas de interés para que un menor consumo frene los precios: pero la inflación en vez de bajar, aumentó llegando al 53,8%. Hubo inflación con recesión, que es la peor conjugación que llevó al hambre a millones de compatriotas y a fundirse a miles de empresas. Eso es imperdonable.
Lo nuevo bajo el sol, que hay que tener en cuenta para que un plan similar al de Perón de 1973 funcione hoy, es tener muy en cuenta el peso que tienen los sectores concentrados de la economía que manejan el dólar a su antojo. Son las 200 principales firmas exportadoras, oligopolios, monopolios, que ahora son mucho más fuertes que en los años 70, manejando variables clave de la economía como la inversión, las exportaciones, el empleo, la formación de precios y la salida -fuga- de divisas. Por el paso de la dictadura, y sobre todo del menemismo, los dueños del dólar, los dueños de la matriz productiva nacional, son pulpos que muy difícilmente van a aceptar que alguna política limite su ambición de ganancias. La megadevaluación de 2002 los fortaleció. Los doce años de gobierno kirchnerista no cambiaron este factor estructural de poder. Se los tocó con aumentos en las retenciones, pero sin lograr ganarles el manejo del dólar. Esa evidencia haría pensar que no será una política de control moderado sobre “el poder” lo que cambiará nuestra suerte.
Este factor estructural de poder -los dolartenientes- explica mucho de lo que está pasando con la inflación cada vez que la economía crece y pide dólares, como ahora. Un dato que ilustra lo que digo: en 2014 el 90% de las divisas fueron proveídas por las 50 mayores corporaciones exportadoras (comercializadoras de granos, en particular de soja; terminales automotrices; industria alimenticia; petroleras; mineras; oligopolio siderúrgico; y el monopolio del aluminio. Fuente: Lorenzo Cassini y otros, 2018). O sea, dependemos de estas firmas para tener cada dólar que necesita nuestra economía para su normal desarrollo. Por eso es tan importante que se ponga en la agenda política nacional el control de los puertos, retomar la estatización de Vicentín, la soberanía sobre el río Paraná y de contar con una flota mercante de bandera. Hay dueños de la pelota, y hasta no cambiar eso, somos frágiles como nación.
Otro factor a tener en cuenta es que, al no estar la disputa bipolar del mundo que hubo entre 1945 y 1989, ahora todas las embajadas de las potencias imperialistas tienen unanimidad en darle al FMI el rol de mandamás para con los países dependientes como el nuestro. Eso también nos pone en una situación de debilidad como país.
Dicho de una manera bien simple, tenemos a los que se creen dueños del país, como factor interno, más fuertes que nunca, y tenemos que desde afuera están más unidos en condicionarnos con el FMI. Esas son las dos cargas que hay que sacudirse si queremos tener un futuro de felicidad para nuestro pueblo.
Por eso hay que discutir fuertemente un manejo patriótico del dólar, o sea, del comercio exterior, retomando la experiencia del IAPI. Al mundo no hay que ofrecerle materias primas y energía, sino productos industrializados. No exportar petróleo, sino destilerías. No exportar cobre sino conductores. No exportar litio sino autos eléctricos. No exportar potasio sino fertilizantes.
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