Los mapuches, y el uso político del tema mapuche


Los mapuches son un pueblo y una nacionalidad. Fueron invadidos, perseguidos, asesinados, esclavizados y arrinconados con la llegada del imperio Español al continente Americano. La república nunca los trató de iguales.    

Los mapuches también son una causa que nos une. A los argentinos, que tenemos los mismos problemas que los mapuches, falta de tierras para vivir y trabajar, falta de oportunidades laborales, de estudios para la juventud, de un buen sistema de salud, etc. nos une la lucha por todos esos derechos. Sobre todo nos une la defensa de un desarrollo económico respetando la madre naturaleza, gran enseñanza de nuestros hermanos originarios. Enfrente nuestro, los que impiden ese desarrollo armónico y equitativo de las poblaciones, son un puñado de terratenientes vinculados con la corona inglesa, la embajada de EEUU y demás potencias, que necesitan asegurar su prescencia estratégica en la patagonia para tener base cercana a las Islas Malvinas, además de hacer negocios para un turismo de elite internacional, entre otros negocios. 

Lo que nos une a originarios y argentinos es la posibilidad histórica que nos dá clarificar (aclarar, poner luz, despejar la niebla) sobre cuál es el verdadero obstáculo para un crecimiento plural e ingegrador de los pueblos, de saber quienes son los reales dueños de la argentina que hoy la organizan sólo para unos pocos, impidiendo al resto una vida de buen vivir (como dice la cosmovisión originaria). Según el Registro de Tierras Rurales, aproximadamente 62 millones de hectáreas de la República Argentina (35% del territorio Nacional) figura como propiedad de 1.250 terratenientes (0,1% de los propietarios privados).

Los mapuches también son un tema. Son un tema para que el diablo meta la cola, ya que el gran desconocimiento y deformada información que se tiene del vivir y sentir de los pueblos originarios, sirve para agitar aguas, para crispar opiniones políticas. El tema mapuche es utilizado para incentivar la división del país, y en la medida de que no se maneje bien desde los sectores populares, vamos a correr el peligro de que el diablo meta la cola, promoviendo el viejo dicho del "divide y reninarás", dando lugar al proyecto inglés de dividir a la Argentina por la mitad.  

Es cierto que hay bandos irreconciliables en la Argentina, pero no son los originarios contra los argentinos, ni los ciudadanos "de bien" contra los "salvajes". Los bandos irreconciliables de la Argentina son ese 1% de la población que es dueña de las finanzas, los bienes de captial y las mejores tierras, y del otro lado el 98% de trabajadoras/es, cuentapropistas, y empresarios nacionales. Más que dos bandos, sería correcto hablar de un gran bando popular, y una ínfima élite concentrada y poderosa con aires europeizantes, hija legítima de Roca y Sarmiento.    

El tema mapuche es utilizado por sectores que quieren desestabilizar el país, y por ello buscan la polarización de bandos que se odien, que se enfrenten, de diálogo cero, de puentes rotos. Ese puñado de terratenientes y embajadas, apoyados por los dirigentes de la derecha argentina (del Pro sobre todo) promueven el miedo a partir de este tema: el miedo a las usurpaciones, al ataque a la propiedad privada, a su religión, y a la disgregación nacional. "Son guerreros muy salvajes y bravos" dijo un vecino, de voz amplificada por el diario La Nación, refiriéndose a los ocupantes de los predios en Villa Mascardi. El vecino tiene razón para pedir que se investigue un hecho de vandalismo sobre su propiedad, pero otra cosa es que hable de "guerreros" y eso sea amplificado por un diario de gran lectura nacional.   

¿Tiene base real ese miedo al malón? Ninguno, pero genera climas de pánico. Los dichos de la Gobernadora de Rio Negro generan mayor preocupación: "Está en discusión la soberanía nacional sobre la Patagonia" dijo, poniendo sobre los hombros mapuches una acusación muy grave, sin ningún sustento real. En la medida de que el Estado Argentino siga reprimiendo, negando tierras, e ignorando a los pueblos originarios, será esa poltítica de negación, de pretendida exclusividad nacional sobre territorios y poblaciones preexistentes a la nación argentina, la que pondrá en riesgo de ser utilizada por poderes extranjeros para debilitar la sobernía nacional. El único flanco real de donde puede venir una amenaza para la soberanía nacional son los acuerdos que gobiernos nacionales y provinciales han firmado con potencias mundiales (base militar china, de EEUU, o inglesa, en Neuquén, Rio Negro o Tierra del Fuego), camuflados por proyectos científicos o de ayuda humanitaria, o directamente bajo la propiedad privada del agente ingles Joe Ted Lewis.      

¿Cuántos son los originarios, sus descendientes, qué tierras habitan, cuáles son sus demandas? Es el Estado el de mayor responsabilidad en dar solución -no represión- a las demandadas de reparación histórica a esos pueblos. Mientras no hayan una iniciativa del Estado Nacional en incorporar en igualdad de condiciones a todos los pueblos que habitan el suelo argentino, será su responsabilidad lo que suceda como concecuencia de esta deuda no saldada. La Constitución de 1994 incorporó un reconocimiento a los pueblos preexistentes -inc. 17 del art. 75-, pero la tierra se siguió concentrando y extranjerizando. Hay que luchar por políticas reales de entrega de tierras y de promoción de una política de unidad plurinacional para el desarrollo en base a la unidad de los pueblos. 

Como señala la Asociación de Abogados de Derecho Indígena (AADI, citado por el CELS): “El Poder Judicial de Río Negro (sobre las ocupaciones en Villa Mascardi) ... ha profundizado el nivel de conflictividad desconociendo el marco jurídico vigente en sus sentencias, promoviendo la imputación penal de los miembros de las comunidades y sancionando a uno de sus defensores, asociado de nuestra organización”, y agrega: “Lamentamos profundamente que la articulación entre el gobierno federal y el provincial haya llegado a acuerdos para la represión y no haya tenido la misma voluntad respecto de coordinar una política acorde a los compromisos internacionales en materia indígena”.

Creo que la unidad nacional necesita una reforma constitucional donde se avance en reconocer la plurinacionalidad de los pueblos que habitan el suelo argentino, proponiendo una férrea soberanía de unidad plurinacional contra toda dominación extranjera. Con los mapuches más cerca, y el imperio ingles más lejos.    
Nicolas Guillen, sociólogo

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